Lesiones más comunes en el pádel y cómo prevenirlas
El pádel tiene fama de ser un deporte "fácil para el cuerpo" comparado con otros, y en parte es cierto: no hay el impacto de correr una maratón ni los choques de un deporte de contacto. Pero los golpes repetitivos, los cambios de dirección bruscos y las horas de muñeca en tensión constante generan un patrón de lesiones muy particular, que vale la pena conocer antes de que te agarre a vos.
La lesión número uno: el codo de tenista
La epicondilitis lateral —conocida popularmente como "codo de tenista", aunque en pádel es igual de común— es, según coinciden las fuentes especializadas, la lesión más frecuente de este deporte. Se produce por microtraumatismos repetidos en el tendón de los músculos extensores de la muñeca, justo en su inserción en el epicóndilo del húmero (la parte ósea que sobresale en la cara externa del codo). El golpe que más la favorece es el revés, sobre todo cuando se golpea con la muñeca floja en vez de acompañar el golpe con todo el cuerpo.
Otras lesiones habituales
- Epitrocleitis ("codo de golfista"): el equivalente a la epicondilitis pero del lado interno del codo, menos frecuente pero igual de molesta.
- Tendinopatía del manguito rotador (hombro): por el uso repetido del brazo por encima de la cabeza en remates y saques.
- Lumbalgia: los giros de torso constantes para golpear y cubrir la pista pasan factura a la zona lumbar si no hay buen trabajo de core.
- Rotura fibrilar del gemelo: típica de los cambios de dirección explosivos y las frenadas bruscas, sobre todo en jugadores que no calientan bien.
- Tendinopatía aquílea: por la sobrecarga acumulada en saltos y desplazamientos repetidos partido tras partido.
- Esguinces de tobillo: asociados a los cambios de dirección rápidos, especialmente en pistas con poco agarre o con calzado inadecuado.
Cómo prevenir el codo de tenista (y de paso, varias otras)
- Técnica correcta: acompañar el golpe con todo el cuerpo, no solo con el brazo, reduce muchísimo la tensión repetida en el codo. Esto aplica especialmente a las voleas y al revés.
- El equipamiento importa más de lo que parece: la pala es, según coinciden varias fuentes especializadas, el factor de equipamiento con mayor impacto directo en la salud del codo. Un peso adecuado (generalmente entre 355 y 370 gramos para la mayoría de los jugadores) y un núcleo que amortigüe bien las vibraciones reducen el estrés acumulado en el brazo. Revisar el estado del grip también ayuda: un grip gastado obliga a apretar más de lo necesario.
- Calentamiento específico: antes de jugar, dedicar unos minutos a movilidad articular del codo y estiramientos de la musculatura del antebrazo reduce notablemente el riesgo.
- No sobrecargar el volumen de juego: jugar todos los días sin descanso entre partidos es una de las formas más directas de desarrollar una lesión por sobreuso.
- Hidratación y horarios: evitar las horas de más calor y mantenerse bien hidratado reduce la fatiga muscular, que a su vez reduce el riesgo de lesión.
Si ya te apareció el dolor
Ante los primeros síntomas de epicondilitis (dolor en la cara externa del codo al golpear o incluso al agarrar objetos), lo recomendable es aplicar hielo, usar una banda epicondílea de sujeción y, sobre todo, bajar la carga de juego durante algunas semanas hasta que las molestias desaparezcan. Jugar "aguantando el dolor" es, casi siempre, el camino más corto hacia una lesión crónica mucho más difícil de resolver.
Una aclaración importante
Esta guía resume criterios generales que repiten múltiples fuentes de fisioterapia deportiva, pero no sustituye una consulta profesional. Si el dolor persiste más de un par de semanas o te limita en la vida diaria (no solo jugando), lo que corresponde es la evaluación de un médico o kinesiólogo, no seguir probando remedios caseros.
Conclusión
La mayoría de las lesiones de pádel no aparecen de un día para el otro: son el resultado de meses de pequeños excesos —mala técnica, pala inadecuada, calentamiento salteado— que terminan pasando factura. La buena noticia es que casi todas se previenen con gestos simples y constantes, no con equipamiento caro ni rutinas complicadas.
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