Historia del pádel: cómo un jardín en Acapulco creó un deporte mundial
Pocos deportes tienen un origen tan concreto y tan casual como el pádel. No nació en un laboratorio ni fue diseñado por una federación: nació de un problema de espacio en el patio de una casa.
1969: un problema de terreno en Acapulco
En 1969, el empresario mexicano Enrique Corcuera quería construir una cancha de tenis en su finca de Acapulco, pero no tenía espacio suficiente para una de tamaño reglamentario. En vez de resignarse, adaptó un terreno de apenas 20 x 10 metros, le puso paredes en los laterales y el fondo —originalmente para que la vegetación no invadiera la pista— y colocó una red de tenis en el medio. Empezó a jugar con las reglas del tenis, pero aprovechando esas paredes para que la pelota siguiera en juego después de rebotar. Al nuevo juego lo llamó, al principio, "Paddle Tenis".
El salto a España
La historia podría haberse quedado ahí, como una curiosidad de una sola finca, si no fuera porque en 1974 Alfonso de Hohenlohe, amigo de Corcuera, visitó Acapulco, jugó en esa cancha improvisada y quedó fascinado. Al volver a España, construyó las dos primeras pistas de pádel en el Marbella Club. Desde ahí, el deporte empezó a expandirse primero por España y Argentina, y después por el resto del mundo.
De juego de patio a deporte federado
Durante las décadas siguientes, el pádel pasó de ser una curiosidad de clubes privados a contar con federaciones nacionales, reglamento oficial homologado y, finalmente, un circuito profesional propio. La Federación Internacional de Pádel (FIP) terminó de institucionalizar el deporte a nivel mundial, estableciendo las reglas y medidas que hoy se aplican en cualquier cancha homologada.
La explosión de los últimos años
Lo que empezó en un patio en México hoy se juega en clubes de decenas de países, con un circuito profesional (Premier Padel) que llena estadios y transmite por streaming a nivel global. España y Argentina siguen siendo los países con mayor tradición y cantidad de jugadores, pero el crecimiento en los últimos años se aceleró fuerte en Italia, Suecia, Medio Oriente y, cada vez más, en Estados Unidos.
Conclusión
El pádel nació resolviendo un problema muy concreto —poco espacio— y esa restricción terminó siendo, sin buscarlo, lo que lo hace único: las paredes que definen su identidad hoy nacieron para contener plantas, no para crear un deporte. A veces las mejores ideas nacen así, de la forma menos planeada.
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